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De Gravity Falls a Arcane: un paseo animado por este rollo de ser "adulto"


Con los años me he hecho extremadamente fan de la animación (de cualquier animación). Sé apreciar el humor de Gumball, la magia que esconde Gravity Falls, el humor adulto de Bojack Horseman o Rick and Morty, e incluso me quedo fascinada con dibujos como Masha y el oso (¿dónde se ha ido? ¿dónde la dan ahora?) o incluso Pocoyó.
Arcane, Mary and Max (¡viva el stop motion!), Flow, Little Amelie, Unicorn Wars, Ernest y Celestine… de verdad, dadme todo.
Actuar me parece una cosa extremadamente difícil, pero lograr que un dibujo exprese emociones (muchas veces sin siquiera hablar) me parece una magia al alcance de muy pocos. Si volviese a nacer me encantaría trabajar en Pixar, o en cualquier estudio de animación que me diese para pagar las facturas. El cielo me concedió algún que otro don, pero el de dibujar no fue uno de ellos. Si hay dibujos, tendrás mi atención.






Y es que, seamos sinceras, a veces un bichito peludo diseñado por ordenador tiene más verdad en los ojos que Gal Gadot la actriz o el actor de moda intentando ganar el Óscar con un papel a veces aceptable sin más.
La animación tiene ese superpoder de saltarse tus barreras defensivas; vas con la guardia baja porque «son solo dibujos» y, de repente, una escena sin diálogos te mete un viaje emocional que te deja temblando en el sofá. Es una conexión directa con esa parte de nosotros que no está maleada por el cinismo, una línea abierta con el niño que fuimos y que, si tienes suerte, espero que no hayas dejado morir de hambre mientras intentabas pagar las facturas.
Me resulta simpático como la que yo denomino "gente intensa" (reconócelo, has visualizado a alguien) solo parece conocer la intensidad que desprende Studio Ghibli, como si esa fuese la única ánimación válida porque ha pasado el test de los años y ahora, en un tiempo dondeo todos estamos de acuerdo en que es buena, ahora si que pueden hablar de ella sin temor a parecer poco serios.
Qué pena de verdad.


La animación no es un género para niños, es un medio de expresión infinito. Es el lienzo donde la física no existe y donde el único límite es cuánto te atrevas a soñar. Y si eso me hace infantil, pues sacadme el babero, pero yo me quedo aquí disfrutando.
Al final, mi teoría es que quien desprecia la animación es porque tiene miedo de sentir. Miedo de que un robot abandonado o un perro amarillo le enseñen más sobre la amistad o el duelo que cualquier peli fácil de aclamar cuando no tienes criterio.
Yo elijo quedarme con los dibujitos, con los trazos imperfectos y con las historias que se atreven a ser raras, bonitas y crueles a la vez. Seguid con vuestro realismo aburrido y vuestros tonos grises; yo me quedo aquí, esperando el próximo estreno, con los ojos brillantes y la capacidad de asombro intacta.
Porque la vida ya es bastante gris como para no disfrutar de un mundo de colores.






"Decorado" de los creadores de Unicorn Wars
Cuando hablo de dibujos animados, sé que la gente no lo dice, pero juzga. Juzga que soy demasiado mayor para ver dibujos, juzga que a alguien adulto le gusten las cosas de niños; nos tachan de inmaduros o infantiles. A mí me gusta pensar que todavía no me he convertido en una AMARGADA.
Lo siento, Mari, pero es lo que eres.
Si os fijáis, la gente que se dedica a hablar de cine solo habla de animación cuando esa animación recibe premios, cuando viene avalada por la crítica y poco más, porque nadie habla de «dibujitos» si quiere ganarse el respeto de la gente. Lo bueno es que a mí me la sopla el respeto de la gente (-ish).
A mí me gustan las buenas historias y sucede que la animación me da cosas increíbles, cosas que a veces no me puede dar una película con gente de carne y hueso. Porque una peli de dibujos es también una peli onírica, un universo donde puedes hacer lo que te plazca, donde no hay límites para crear.
Gravity Falls
Kiki Delivery Service
Ay que se comen la boca! (Arcane)
Darwin y Gumball son como JD y Turk en Scrubs
El viaje de Chihiro
